El museo municipal del antiguo puerto pesquero de Aral, hoy abandonado, muestra una obra de arte sorprendente: un mural que hace honor a los pescadores locales que en 1921 ayudaron a salvar a Rusia de la hambruna y enviaron 14 vagones llenos de pescado a Moscú. Junto al mural hay una fotocopia de la carta de agradecimiento escrita a máquina de Vladimir I. Lenin a los pescadores y cerca de allí se encuentra la estatua de bronce del propio héroe de Aral de ese esfuerzo, Tölegen Medetbayev.

Es sorprendente porque esos 14 vagones con carpas, esturiones, bremas y otros pescados de agua dulce se extrajeron de la misma parte del mar de Aral que desde la década de 1980 hasta hace poco se volvió demasiado salada como para que sobreviva cualquier especie. 

Sorprende también porque, habiendo escuchado por años sobre la desaparición del mar de Aral, fue alentador saber que en el mar de Aral Norte, que ocupa solo el 10 por ciento del fondo del mar interno que alguna vez fue algo más grande que Sri Lanka o el estado de Virginia Occidental, el deterioro se está revirtiendo: El mar de Aral Norte, de a poco, está cobrando vida. 

El sitio más cercano al que vuelan las aerolíneas comerciales en Aral es Kyzylorda, la capital de la provincia homónima de alrededor de 190 000 habitantes, en un vuelo de casi 90 minutos desde el sur de Astaná, la capital de Kazajistán. Mi traductora, Dinara Kassymova, y yo tomamos el vuelo por la tarde y llegamos justo a tiempo para tomar un tren nocturno a Aral. Compartimos un camarote con una mujer joven, que se presentó como Aynura, camino a su hogar con sus dos niños, Islam y Muhammad. Las ventanillas estaban demasiado cubiertas de suciedad como para poder ver algo.

Armando Portela

 

Mientras que el tren construido por los soviéticos resoplaba y chillaba camino al noroeste a través de la estepa, me di cuenta de que la mayoría de los pasajeros que no dormían estaban reunidos afuera de nuestro camarote, uno de los últimos del último vagón, fumando cigarrillos sin filtro y observando la noche a través de una puerta abierta. En busca de aire fresco caminé hacia el lado contrario, delante de un cocinero despreocupado friendo cebollas en la pequeña cocina del vagón-restaurante y un anciano sentado frente a su esposa pelando papas para la cena. 

En el vagón-restaurante, decorado con rosas rojas de plástico en cada mesa, una mesera con dientes de oro llamada Shireen servía carne con verduras. Antes de incorporarse a la empresa ferroviaria, comentó que había dado clases de periodismo en su Uzbekistán natal. De todos los pasajeros, los únicos que no parecían ser locales eran un joven periodista de televisión y su camarógrafo con la tarea de cubrir el lanzamiento de un cohete en el cosmódromo de Baikonur a las 03:00 h, situado entre Kyzylorda y Aral.

Después de ocho horas, cerca del amanecer, ingresamos a Aral, hoy en día un pueblito sombrío que una vez fue próspero en la pesca. Un representante local nos recibe en la estación y caminamos juntos unas pocas cuadras hasta la modesta municipalidad de Aral. 

“Cuando el mar comenzó a secarse, por supuesto todos eran pesimistas y la gente comenzó a mudarse a otros distritos”, relata Tanirbergen Seytzhanovich Darmenov, el akim (alcalde) adjunto de la ciudad. “Esto fue un problema muy grave para Kazajistán”, agrega.

Kristopher White, profesor asociado de economía en la Universidad de kimep en Almaty, la mayor ciudad de Kazajistán, coincide. Kristopher es un experto en el mar de Aral, llamado Aral Teñizi en kazajo y Aralskoye Morye en ruso.

“Claramente se trata de un desastre ambiental. Estamos hablando de [lo que una vez fue] la cuarta masa de agua interna del mundo”, indica Kristopher. Explica que desde 1960, cuando la pesca comercial excedía las 43 000 toneladas, el mar de Aral perdió un alarmante 88 por ciento del área superficial y el 92 por ciento del volumen. En 1996 solo se pescaron 547 toneladas de pescado y la mayoría estaba contaminada con pesticidas. Mientras tanto, la salinidad aumentó de 10 partes cada mil (ppt, por sus siglas en inglés) en 1960 (en especial el agua dulce) a 92 ppt en 2004, casi el triple de la salinidad de la mayoría de los océanos. 

Comentó que esto destruyó el hábitat de los peces y debido a la recesión del mar “también apareció lo que llamamos desecación o avance del desierto. Un paisaje desértico reemplazó la mayor parte del lugar donde estaba el mar”. Se trató también de un desastre humanitario, agregó, donde la desaparición del mar causó desempleo, pobreza y emigración. 

Tanirbergen, de 58 años de edad, no dudó en culpar directamente a la urss porque sus agrónomos e ingenieros civiles trasformaron una estepa semiárida en campos de algodón y trigo por medio de irrigación, que implicó la construcción de canales de unos 30 000 kilómetros, 45 diques y más de 80 embalses.

“Los ingenieros soviéticos no tuvieron en cuenta las consecuencias. Sabían que el lago se secaría algún día, pero no les importó. No había democracia, todos tenían miedo de hablar”, dijo Tanirbergen. “Algunos científicos advirtieron sobre lo que pasaría, pero nadie los escuchó. En 1985 la gente finalmente comenzó a hablar, pero ya era demasiado tarde”, agrega.

Para el año 2000, nueve años después de la caída de la Unión Soviética, el lago que una vez fue imponente se separó en dos partes desiguales: el mar de Aral Norte en Kazajistán y el mar de Aral Sur, mucho más grande, en su mayoría en Uzbekistán. Hoy, todo lo que queda del mar de Aral Sur es una porción de agua con forma de media luna en la costa occidental, y los expertos calculan que también desaparecerá, ya que no posee conexiones con el río Amu Daria, que alguna vez lo alimentó.

n octubre de 2014, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos (NASA) publicó imágenes del mar de Aral tomadas por el satélite Terra. Fueron unas de las primeras que mostraron la cuenca oriental del mar de Aral Sur completamente seca, una diferencia drástica comparada con una imagen similar tomada en agosto de 2000. “Es la primera vez que la cuenca oriental se seca por completo en la era moderna”, dijo el geógrafo y experto en el mar de Aral Philip Micklin de la Universidad de Míchigan Occidental. “Y es probable que sea la primera vez que se seque en 600 años, ya que la desecación medieval se asoció con la desviación del Amu Daria al mar Caspio.

Aral, con una población apenas mayor a 30 000 habitantes, es la mayor ciudad sobre la costa noreste del mar de Aral Norte, y cerca de 73 000 personas continúan viviendo en los alrededores. Allí, explica Tanirbergen, el gobierno kazajo y el Banco Mundial deben trabajar juntos con el río Sir Daria para salvar el mar. El río es la única fuente de agua del mar y su destino depende en gran parte de los patrones de lluvia cíclicos, así como de los deshielos de las lejanas montañas Tien Shan. 

“No se trata de dinero ni de lo que puede hacer el hombre. Todo depende de la naturaleza”, comentó Tanirbergen. La oficina del akim está decorada con un retrato enmarcado en oro del presidente Nursultan Nazarbayev, de 75 años de edad, que ha liderado Kazajistán desde 1989, dos años antes de declarar la independencia de la Unión Soviética. “Estamos muy agradecidos de que nuestro presidente no se haya olvidado de este problema y de que esté haciendo su mayor esfuerzo para recuperar el mar”, señala.

El deterioro del mar está registrado con detalles crudos en el museo municipal de Aral en la calle Tokey Esetov, cerca de la calle principal, Abulkhair Khan. El museo se fundó en 1988 y la entrada tiene un costo de 200 tenge (aproximadamente 1,10 USD) para cada una de las 15 000 que lo visitan por año.

Allí se muestran dientes de animales, conchas, esquirlas de vidrio y fragmentos de cerámica en vitrinas de vidrio, todos elementos encontrados en el lecho del mar después de que el lago comenzara a secarse en la década de 1970. También se encuentra un mapa de 1849 de un mar de Aral obviamente mucho más extenso y atribuido al comandante A. Butakoff de la Armada Imperial Rusa, así como una pintura de 2003 que muestra, con algo de nostalgia, cómo lucía el puerto de Aral en la década de 1960.

A pesar de la remota ubicación del museo, el libro de visitas está lleno de comentarios de visitantes holandeses, franceses, españoles y estadounidenses. Aun así, para el director del museo, Madi Zhasekenov, este no es solo para los turistas.

“Deseamos mostrarle a nuestra generación de qué forma solía ser la vida aquí”, explicó Madi al cerrar su colección de artefactos para retirarse al descanso del almuerzo.

El hombre de 53 años cruzó la calle y se dirigió a un parque donde solía reunirse con sus amigos en su adolescencia, en la década de 1970. Los bancos de cemento desde donde contemplaban la costa del mar de Aral siguen allí, pero ya no se puede ver el mar. En cambio, se ven niños jugando en un carrusel oxidado. Era evidente el sentimiento de nostalgia y pérdida.

“Mis hijos no desean vivir en Aralsk”, dijo Madi despacio, utilizando el nombre de la ciudad en ruso, “pero yo crecí en la costa. No deseo irme. Es mi hogar y creo que el mar regresará”.

Más tarde, me invitó a almorzar en su choza de madera cruzando la calle del antiguo Hotel Aral. Para mi sorpresa, el curador del museo abrió la puerta de un almacenamiento, se sentó y comenzó a tocar un piano antiguo y destartalado. Ni una de las 88 teclas estaba afinada. Luego, sacó una trompeta alemana toda oxidada a la que le falta una boquilla y simuló tocarla.

Es fácil comprender por qué Madi extraña los viejos tiempos. En 1976, según una lápida histórica del puerto que una vez fue próspero, Aral envió 5000 toneladas métricas de lana, 340 pieles, 3000 badanas, 1500 pares de guantes de lana y 1200 pares de pantalones de lana. Hoy en día, los turistas que se detienen allí pueden treparse al Lev Berg, un barco pesquero pintado de azul brillante, para mirar el lecho del mar convertido en desierto. Dos grúas oxidadas que no se usan desde principios de la década de 1980 se imponen sobre el llano horizonte.

Pero las aguas que para principios de la década de 2000 habían retrocedido 100 kilómetros de Aral, ahora se encuentran a solo 20 kilómetros y continúan acercándose.

“Heredamos el problema del mar de Aral de la Unión Soviética, pero apenas fuimos independientes adoptamos programas especiales”, comentó Zhanbolat Ussenov, director del Consejo de Relaciones Exteriores de Eurasia y antiguo portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores.

“Por supuesto, sabíamos que no era posible salvar el mar por cuenta propia, desde el punto de vista financiero y tampoco con experiencia, por lo que creamos el Fondo Internacional para Salvar el Mar de Aral”, explicó Ussenov. “Le pedimos al Banco Mundial y a países independientes que nos ayuden a paliar esta catástrofe ambiental. Y me alegra decir que hoy en día el mar de Aral está regresando poco a poco a sus límites originales.

El sueño de salvar el mar de Aral en su totalidad, tanto Norte como Sur, no es realista, dijeron los expertos que conocen la región. Pero todos coincidieron en que la primera parte del proyecto mencionado por Ussenov y conocido oficialmente como Proyecto del Mar de Aral y control del río Sir Daria, o synas-1, ha sido un éxito hasta el momento.

Ahmed Shawky M. Abdel-Ghany, especialista superior en recursos hídricos de las regiones de Europa y Asia Central del grupo Water Global Practice del Banco Mundial, ha administrado el proyecto desde su oficina en Washington a partir de fines de 2010. Expresó que synas-1 costó 83 millones de dólares e incluyó un subproyecto para recuperar el mar de Aral Norte.

“No hablamos de todo el mar de Aral, sino solo de la parte norte que se encuentra en Kazajistán”, dijo el ingeniero civil egipcio, que ha trabajado en 20 países durante una carrera profesional de 12 años en el Banco Mundial. 

También comentó que el elemento clave del synas-1, la construcción del dique Kokaral de 13 kilómetros en 2005, aumentó el volumen de agua del mar de Aral Norte casi un 50 por ciento en tres años.

“La parte norte del mar de Aral se encontraba inicialmente [en 2005] a 38 metros sobre el nivel del mar. Ahora puede alcanzar cerca de 42 metros”, dijo el ingeniero. “Por ende, la salinidad en el mar de Aral Norte se redujo casi a la mitad, aunque todos estos números dependen de variables hidrológicas que cambian año tras año”.

Las pruebas del éxito hasta ahora, explicó, no solo yacen en la disminución de la distancia entre la ciudad de Aral y la costa, sino también en el sector pesquero de la zona, que en los últimos años ha duplicado o triplicado la producción. “El gobierno y los contribuyentes esperan que con las fases sucesivas del SYNAS-1 el mar de Aral Norte se acerque mucho más”, indicó. 

Pero incluso 20 kilómetros parecen una eternidad cuando la única forma de alcanzarlos es en un vehículo todo terreno por una ruta de tierra que desaparece al atravesar la entrada de la ciudad.

Ese recorrido simple tomaba casi dos horas, por la aldea desaparecida de Mergensai y las enormes ruinas dispersas de los barcos pesqueros abandonados al rayo del sol, llenos de grafitis.

En antaño, este cementerio de barcos fue una atracción principal para el llamado “turismo negro”: en el museo de Aral se exponen fotografías de camellos vagando por el desierto con estas embarcaciones de fondo, que también se publicaron en revistas de viajes para publicitar la difícil situación del mar de Aral. Los camellos siguen allí, aunque durante los últimos años la mayoría de las embarcaciones se transformaron en chatarra que se vendió a China.

Aunque los visitantes que logran llegar a la costa marina no se encuentran con una actividad pesquera deslumbrante, definitivamente hay más movimiento en el lugar en comparación con los últimos años.

Un alma fuerte es la de Marat Karebayev, que sale con su bote de madera azul a eso de las siete todas las mañanas y por lo general no regresa hasta las cinco de la tarde. Ha sido pescador durante cinco años y dijo que gana entre 10 000 y 20 000 tenge (entre 55 y 110 USD) por día. De ese monto debe descontar los gastos de la gasolina (unos 800 tenge cada 10 litros) y de la red de pesca (60 000 tenge) que debe reemplazar una vez al año.

“El mar está mucho más cerca de lo que estaba hace 10 o 15 años”, dijo Marat, de 31 años de edad, vestido con un overol azul marino, un suéter negro y una boina a cuadros. “Ahora pesco más y los precios son más altos”.

Según el alcalde adjunto Tanirbergen Darmenov, en la actualidad se explotan comercialmente unas 22 variedades de pescados del mar de Aral Norte y la pesca se acerca a las 6000 toneladas métricas por año. También agregó que podría aumentar a 30 000 toneladas por año si los proyectos actuales financiados por el Banco Mundial prosperan.

Adilbek Aymbetov, director de la planta de procesamiento de pescado de Aral, ubicada en la frontera de la ciudad, comparte este optimismo. La planta ha estado en funcionamiento alrededor de cinco años. Trabajan allí unas 25 personas que empaquetan carpas, lucios europeos y otros pescados tanto para el consumo local como para su exportación a los 28 países miembros de la Unión Europea.

“En el año 2000 hubo muchísimo desempleo, pero las cosas han mejorado”, dijo Adilbek. Según él, en el año 2013 se procesaron 300 toneladas de pescado y se exportaron otras 100, una mejora en comparación con las 215 de producción y las 97 para exportación del año anterior.

En 2011, Abdel-Ghany del Banco Mundial viajó a Kazajistán para finalizar el informe de evaluación de synas-1 y planificar la segunda fase, synas-2. Esta obra de 126 millones
de dólares cuenta con la financiación de 107 millones de dólares del propio Banco Mundial, mientras que el resto lo provee Kazajistán.

“El gobierno está muy entusiasmado por comenzar cuanto antes”, dijo Abdel-Ghany y destacó que el synas-2 incluye recuperar el delta de los lagos, desarrollar criaderos de peces, mejorar los diques para contener inundaciones y enderezar los meandros para mejorar el flujo de agua.

Abdel-Ghany también previó una tercera fase. “En ese momento se verá realmente toda esta parte inferior del lecho del Sir Daria desarrollada”, comentó. “Solamente a partir de ese momento podremos decir que se trata de uno de los proyectos ambientales más grandes del mundo”.

Sagit Ibatullin, expresidente del comité ejecutivo del Fondo Internacional para Salvar el Mar de Aral (ifas, por sus siglas en inglés), les informó a los periodistas kazajos que el plan de la organización formada por cinco naciones de recuperar el mar de Aral, tanto Norte como Sur, si se implementa por completo, costaría 12 mil millones de dólares. El funcionario kazajo, nombrado por el presidente Nazarbayev, lideró el ifas de octubre de 2008 a agosto de 2013.

Kristopher White, de la Universidad de Kimep, observó que aunque la mayor parte del plan del ifas debería enfocarse en el mar de Aral Sur, mucho más asediado, los intentos de Kazajistán de recuperar la parte norte del mar “han sido aclamados como un éxito desde el punto de vista ambiental y comparto esa visión. El mar de Aral Norte ha regresado un poco, casi nada en comparación con lo que era antes de 1960, pero sin duda se ha estabilizado y está regresando”.

El año pasado, las industrias pesqueras, los ingenieros y los banqueros recibieron un incentivo de una fuente inesperada: la banda de rock británica Pink Floyd, que desde su formación en 1965 denuncia la alienación, el comercialismo y la degradación ambiental. Su video musical “Louder Than Words” (Sonido más fuere que las palabras), del 2014, muestra a los habitantes de Aral y aldeas vecinas con los desiertos y los barcos abandonados de fondo. Según el último recuento, el video se vio unas siete millones de veces. 

Aubrey Powell, director creativo de Pink Floyd, declaró hace poco en el servicio uzbeko de Radio Free Europe/Radio Liberty que a pesar de que el espectro surrealista de los barcos varados en el desierto era atractivo para realizar un video sobre el desastre ambiental, “no se trata del desastre en sí, de eso ya se escribió demasiado, sino de lo que significa para las generaciones más jóvenes”.

Nadie sabe cuántos fanáticos de Pink Floyd hay en Aral. Pero Kristopher White, de la Universidad de Kimep, sí dijo que durante su visita más reciente a la región, él y el equipo ambiental vieron que se habían construido nuevas casas y dentro de ellas había televisores y refrigeradores nuevos.

“Recorrimos toda el área del mar de Aral Norte y hablamos con gente de aldeas muy lejanas, algunas de ellas hace muy poco tuvieron electricidad”, relató el profesor. “En general, el pronóstico es positivo y creo que por mucho tiempo este no ha sido el caso en la zona del mar de Aral”, agregó.

Parece que Yerken Nazarov, nativo de Aral, de 31 años de edad, comparte este nuevo pronóstico positivo. Su abuela fue una pescadera que vivió para festejar sus 100 años.

“¿Qué se necesita para recuperar el mar?”, le pregunté a Yerken durante mi última tarde en la ciudad. Pensó un momento y luego respondió: “Necesitamos la esperanza”.